CUENTO DE FELIPE RODRÍGUEZ
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Juan sintió un vacío en su estómago, su desayuno había sido muy frugal pues las reservas del mercado estaban agotadas. Era la una de la tarde y sólo disponía de un cuarto de hora para almorzar, buscó en su cartera y justo tenía para comprar una empanada y una gaseosa. Atravesó la calle y compró su almuerzo, allí cerca había un banco de cemento donde Juan se sentó. Al lado descubrió un acompañante que no le quitaba el ojo de encima, parecía tener más hambre que él, sus ojos brillaban y de vez en cuando su lengua saboreaba su hocico. “La verdad – pensó Juan – puedo compartir media empanada con esta belleza de perrito”. Pero él no estaba solo, a medio metro estaba su amo… un hombre invidente… “Caramba –pensó Juan- una empanada para tres?” |